martes, 7 de octubre de 2014

Hospitales

El otro día acompañe a mi novio a un hospital porque tenía que visitar a un ser importante de su familia, estuve todo el día con él, está
bamos sentados afuera del hospital conversando, y me pregunta -¿Quieres entrar? –yo lo mire indecisa por un momento, reflexionando a su pregunta, una simple pregunta dirán, pero es más que eso, es más que una invitación, más que un pedido, era más que una pregunta.
Al entrar a un hospital, un cambio de vibras se apodera del ambiente, muchos se preguntaran por qué, y no es fácil la respuesta, tal vez ni la hay, pero al entrar a un hospital siento como estar entrando a un nuevo mundo. Es un mundo aparte, tal vez un portal. Eso es, un portal, que tiene miles de viajantes y gente en espera…
La muerte está a un lado del portal, esperando con ansias recibir a su nuevo huésped. Feliz, espera, sin importar que deja el huésped.
Una nueva vida está al otro lado del portal, queriendo nacer por primera vez a un mundo nuevo.

Ahora se preguntaran, cuál era mi miedo al entrar al hospital.  Bueno, este es, el hecho de que personas vienen y personas se van a cada momento, me da escalofríos. Es tan… real, tan cambiante 
¿Cómo es posible que un lugar te haga sentir triste y feliz a la vez? No lo se, y me asusta saber la respuesta.